2010/11/02

LA TARANTELLA

Preciosa y el aire grande (Álvaro Reja)


La Tarantella tiene una paciencia infinita. Sabe que su veneno es necesariamente mortal, que en un minuto puede asesinar a cualquiera de sus enemigos, pero al igual que hace un guerrero samurai, lo guarda pacientemente pensando que la mayor cualidad de un ser de su condición consiste en no utilizar jamás ese poder inquietante.

Los demás, curiosamente, toman como una debilidad lo que es su gran fortaleza y se burlan de ella considerándola una zancuda miserable y sin carácter. La Tarantella se queda pensativa y solo dice en su defensa que ambas cosas, el veneno y la paciencia, están en su ser más profundo, en su verdadera naturaleza.

La Tarantella practica extraños rituales para lograr el dominio de sí misma. Asciende cumbres, paredes y árboles, se cuelga de techos y ramas como una escaladora consumada y, así, cabeza arriba o cabeza abajo, otea todo aquello que la rodea como un maestro del zen, o como un escritor de haikus que intenta desvelar todo lo que existe y por tanto, momentáneamente es.

A veces la Tarantella está tentada de utilizar su veneno contra sí misma, con tal de no correr el riesgo de hacer daño a ningún otro ser vivo. Sabe que así tal vez morirá, pero cree que la muerte es, de cualquier modo, el instante final de todos los seres vivos, ya sean malvados o benévolos, mortíferos o indefensos, y que tal vez, al fin y al cabo, no exista un veneno más dulce.

2010/09/30

LA SERPIENTE PERFUMADA

HENRI ROUSSEAU (Snake)


La Serpiente Perfumada piensa que en sus hombros descansa el peso del mundo. Se prepara con paciencia cada mañana y acude al trabajo resoplando, mientras sus tacones repiquetean por los pasillos inmensos. Viste ropas distintas cada día, compradas en tiendas supuestamente elegantes, pues su veneno necesita de un envoltorio distinguido.

La Serpiente Perfumada se ofrece y se insinúa ante aquellos que ostentan el poder, cuya compañía busca sin descanso. Si bien su atractivo es insignificante, es bien conocida la poca discriminación que en este campo muestran los hombres. La Serpiente tiene especial predilección por los responsables políticos. Nació así, aunque ella atribuye su actitud a la recompensa por sus desvelos o a la defensa contra oscuras conspiraciones.

La Serpiente Perfumada espera enroscada el paso de sus rivales. Estos suelen ser compañeros que ponen en riesgo su posición de privilegio, que tanta producción de veneno le ha costado. Rodea a sus víctimas sin que estas se aperciban de ello, sin mostrar su lengua bífida.

Su veneno es mortal sin remedio. Sus compañeros, que lo intuyen, se apartan a su paso o la mantienen a distancia y se ponen muy nerviosos si la ven apostada en los pasillos o perciben que se acerca, pues saben del poder de sus colmillos, de la fuerza abominable de su odio.

La Serpiente Perfumada nunca sale de casa sin rociarse con carísimas esencias y aguas de colonia, que guarda en estanterías repletas. Sin embargo, desconoce el poder cancerígeno de sus compuestos y se intoxica, poco a poco, como un animal de los suburbios, como una princesa de las alcantarillas.



2010/09/26

ÁRBOLES CAÍDOS

JONATHAN VINER


Conocí a Kontantinos Kavafis, como muchos otros, escuchando el disco “Viatge a Itaca” de Lluis Llach. Después, con el paso de los años, Kavafis se convirtió en uno de mis poetas preferidos, junto con Arthur Rimbaud, Walt Whitman, Omar Khayyam, Li Po, Matsuo Basho o Federico García Lorca.

Una de las estrofas del tema musical que da título al disco, basado en Itaca, el poema más famoso de Kavafis, nos invita a que vayamos “más lejos de los árboles caídos que ahora nos aprisionan”. Creo que es la única parte de la canción que no corresponde al texto original del poeta de Alejandría. Quizá la escribió el propio Llach o algún otro autor catalán que desconozco.

Miro alrededor y veo algunos árboles caídos en medio y a los lados de mi camino. No es que mi vida sea peor ni mejor que la de nadie. Pienso que todos los tenemos alrededor, seamos conscientes de ello o no. Los obstáculos que nos impiden avanzar, evolucionar, son tal vez antiguos miedos, odios soterrados, ideas preconcebidas, situaciones sin resolver. No obstante, la vida nos sigue ofreciendo oportunidades, retos, experiencias maravillosas, viajes inesperados, amistades, nuevos trabajos o amores.

Tratamos de saltar por encima de esos árboles caídos, de evitarlos o escapar de ellos. A veces lo conseguimos mucho más fácilmente de lo que cabría esperar. Otras nos enredamos entre sus ramas, tropezamos y caemos contra el suelo, magullándonos, haciéndonos pequeños cortes y heridas, mientras algunas lágrimas de impotencia asoman a nuestros ojos.

A veces las hojas crecen hasta ocupar casi todo nuestro espacio, hasta no dejarnos ver ninguna salida. No obstante, a menudo no queremos escapar de ellas. Nos hemos acostumbrado a su tacto inquietante, a su presencia opresora, nos sentimos protegidos tras ellas, amamos nuestra vida cautiva.

Otras veces, sin embargo, nos abrimos paso delicadamente a su través, con una paciencia infinita, buscando un hueco que nos permita ver la luz del sol y las estrellas que acompañan de noche a la luna.

Esa es una tarea, tal vez, para toda una vida, para varias vidas.


2010/09/15

EL COLECCIONISTA DE ESPÍRITUS

VICTOR BRAUNER (The Surrealist)


Hay fuerzas invisibles que gobiernan el mundo, espíritus que se mueven entre nosotros como luciérnagas o mariposas, que nos unen a los demás con filamentos invisibles, imperceptibles como lazos de sangre.

El Snark ha desarrollado un extraño sentido para descubrir a estos seres misteriosos entre la gente común, para distinguirlos de los hombres aburridos que llenan los estadios y los cafés, de las muchachas que salen de las perfumerías y las escuelas de música, de los niños que juegan ensimismados con sus máquinas diminutas.

El Snark los fotografía, los dibuja o los graba en vídeo cuando pasan a su lado, brillantes como si fueran hadas, elfos o estrellas errantes. Los espíritus cruzan junto a él confiados y alegres, creyéndose invisibles y no reparan en su presencia vigilante, como si fuera traslúcido o no tuviera cuerpo.

El Snark no envía las imágenes de estos seres a revistas especializadas en el más allá o a programas que banalizan lo extraño. Solo en casa, ya de noche, los mira durante horas y se va a dormir sintiéndose un alma distinta y oscura, un espíritu extraviado en un planeta lejano.


2010/08/13

ANIMALES ABSTRACTOS

GREGORY COLBERT (Ashes and Snow)


No somos muy distintos de las hormigas, de las abejas, de las manadas de búfalos y cebras. Comemos como hienas o leones hambrientos, parecemos pingüinos caminando, nos amontonamos como bandadas de insectos, volamos en formación como grupos de gansos que se dirigen al sur, hacia un destino que solo conocen nuestros guías.

Parloteamos como guacamayos de colores, nos peleamos como bestias rabiosas, dormimos como osos polares o perezosos y después nos apareamos como serpientes de coral, dispuestos a morder de improviso a nuestro amante y abandonarlo sobre el lecho, con su cuello abierto en dos.

No somos seres superiores. No somos elfos hermosos que flotan en el aire traslúcido ni hadas misteriosas que proceden de un mundo secreto. No somos alquimistas que transforman los metales y ocultan tesoros inmensos, sino animales que comen y duermen, autómatas abstractos que no tienen sueños.


2010/07/31

RADIO BIAFRA



Radio Biafra emite desde un pequeño apartamento situado en Lichtenberg, un barrio de Berlín Este, el antiguo sector comunista de la ciudad. La emisora, en sus inicios, tenía una clara intención política, pretendiendo reivindicar la memoria de un pueblo aplastado, Biafra, el país del medio sol amarillo.

Con el paso del tiempo, sin embargo, esa reivindicación fue decayendo y la emisora pasó a defender, sin hacer distinciones, el pasado del conjunto de los pueblos negros, el orgullo de haber nacido en África.

“Todos somos emigrantes africanos”, dice el locutor de la emisora. “Todos somos hermanos africanos. La vida nació en África. Todos salimos de África para ir a ocupar el resto del mundo. Todos procedemos de África, los rubios austriacos, alemanes y escandinavos proceden de África. Los hindúes, los norteamericanos, los colombianos, los argentinos, los asiáticos y hasta los lejanos habitantes de Australia. La única diferencia es que unos partieron antes, hace miles de años, y otros hace solo unos días o unos meses”.

Radio Biafra emite durante cuatro horas al día, de seis a diez de la noche. Únicamente dispone de un técnico y dos locutores, que se van turnando ante el micrófono. De tiempo en tiempo uno de ellos se pone enfermo, tienen que cuidar a sus niños o surge cualquier otro hecho imprevisto y se ven obligados a interrumpir la emisiones, a veces durante varios días.

Nadie parece notarlo en exceso. Hay miles de emisoras y canales de televisión y su audiencia es muy pequeña. En verano desciende aún más, cuando muchos alemanes van a tostarse al sol español, italiano, griego o croata. ¿Será que añoran la piel bronceada de sus antepasados, que recorrían, semidesnudos, las sabanas, los caminos y las selvas de África?.


2010/07/26

PUNTOS DE VISTA

OLIVER FÖLLMI


Tengo un grato recuerdo de Luis Olmos, uno de los fundadores del Teatro de la Danza. Luis fue nuestro profesor de baile e interpretación, hace ya muchos años, cuando, siendo aún estudiante universitario, me movía en un ambiente un tanto bohemio, en un mundo de ecologistas, objetores de conciencia y aspirantes a ser actores, titiriteros, artesanos, pintores o músicos.

Aunque mi vida actual sea bastante convencional, me llama mucho la atención aún ese ambiente, mucho más que el mundo en que me muevo de médicos, ingenieros o abogados, politiquillos y trepas sin escrúpulos. La danza y el baile me siguen pareciendo algo mágico, una extraña disciplina del alma que nos conecta con lo mejor de nosotros, con nuestro ser oculto de elfos y hadas, de magos, duendes o lamias que pueden transmutar a voluntad la realidad, y a la vez nos permiten reencontrarnos con nuestro ser primitivo y salvaje. Sin embargo, como al australopitecus civilizado que soy, me sigue dando corte bailar en público, desfogarme, perder el control.

Las clases de interpretación con Luis Olmos eran casi monográficos sobre “el método”. Para cualquiera que haya vivido de cerca el ambiente teatral, ya sea como actor o como simple espectador, “el método” solo puede referirse a una cosa: al sistema de formación de actores ideado por Constantin Stanislavski en los últimos tiempos de la Rusia de los zares.

Recuerdo varias cosas más de aquellos cursos: los textos de Anton Chejov y Tennessee Williams, un alumno que entraba desnudo desde la calle y mi compañero Jorge, que me daba verdadero miedo en una escena compartida. Recuerdo también una lección genérica, válida para cualquier situación de la vida, en la que Luis insistía: un actor, una persona, debe tener las antenas siempre en funcionamiento y buscar constantes puntos de vista.

Tener antenas es fijarse en todo lo que sucede a nuestro alrededor, estar despierto a todo, observar el mundo sin perder un detalle. Además debíamos rastrear puntos de vista sobre aquello que sucedía en nuestro entorno. Éramos una máquina de sentir, que captaba aquello que en nosotros despertaba lo observado y lo vivido, la repulsión, el temor, el cariño o la indiferencia. E improvisábamos, constantemente, ante los nuevos estímulos y sensaciones.

Hoy compruebo a menudo que mis antenas no están en funcionamiento la mayor parte del tiempo, que están paralizadas, que han perdido, en gran medida, su conexión con el mundo. Las cosas suceden a mi lado sin que apenas me de cuenta, como soplos de aire que apenas rozan mi cara, mis oídos, las diminutas células de mi retina. Tal vez sea cuestión del paso del tiempo o tal vez el mundo, al fin y al cabo, no sea tan interesante. Acaso me esté vegetalizando, mineralizando, convirtiendo en materia inerte.

Trato de dar brillo a mis antenas oxidadas. Salgo a la calle. Observo las cosas superficialmente, forzándome a hacerlo. Doy pequeños puntos de vista triviales, desvirtuados y sin fuerza, y me vuelvo a perder, segundos después, en el oscuro bosque de la mente.

Vuelvo una y otra vez a bucear en busca del niño despierto que fui, el chaval de Sarratu que observaba el mundo absorto, sonriente y admirado, con los ojos bien abiertos y unas enormes antenas.