2010/04/25

PÁJAROS




Somos pájaros. No somos seres humanos, hombres o mujeres, como todos parecen creer, sino pájaros de alas truncadas, encogidas y sin fuerza. Revoloteamos aquí y allá, a pocos centímetros del suelo, temerosos de ver aparecer en el cielo águilas majestuosas, quebrantahuesos, halcones o alimoches.

Fabricamos nuestros nidos sin tomar un respiro, con gran afán. Buscamos otro pájaro para poder decorarlo mitad y mitad, con ramas, piedras y pajitas de estilo nórdico traídas con el pico desde Ikea o Ka International. Una vez instalados, a ras de tierra o en la rama más alta, soleada y con vistas, nos apareamos apresuradamente y después sacudimos las plumas caídas. Así, con el tiempo, nuestro hogar se va llenando de tiernos polluelos.

Tenemos el cuerpo lleno de perdigones y picotazos. Vivimos atemorizados por el devenir y por el presente, porque nos da tanto miedo el más allá como el instante que late con fuerza. De noche, para sentirnos a salvo, buscamos el calor de nuestro compañero de nido y nos adormecemos a su lado, con las alas enlazadas, contemplando sus ojos de pájaro.